Del fuego surge: la humanidad

Te dejo este link para que acompañes tu lectura con una melodía, espero sea de tu agrado https://www.youtube.com/watch?v=n88MReEC27k&ab_channel=Intr0naut

____

Se quebró una de mis tazas favoritas y con ella un pedazo de mi corazón.

“Si no hubiese hecho esto o lo otro…” “si hubiese hecho esto o lo otro…”

La paradoja del “¿y si …?”, que es como montarse a una espiral de bajada.

La fracción de segundos en donde todo o lo más mínimo pasa. Los minutos que nos hace saber que nuestra vida no será igual. Las horas en las que nos damos cuenta de que en un abrir y cerrar de ojos, todo cambia, todo pasa, todo trasciende.

Vi mi taza favorita hecha añicos en el suelo, la vi por un momento y luego fueron 2 y luego 3.

Su gran lema, machacado por la gravedad: “se asombroso hoy y todos los días”.

Después de llorar un rato, entendí que esa taza somos tú, y yo, somos todos. Vivimos con el gran lema de ser tan asombrosos, tan maravillosos, tan grandes, tan poderosos, tan pudientes, tan fuertes, tan capaces, tan dioses.

Dueños del mundo y de las estrellas.

Dueños de nuestro tiempo y de nuestros pasatiempos. Somos nosotros quienes marcamos los cambios de épocas. Nos hemos declarado más grandes que los tornados, pues nuestras revoluciones nos han llevado a trascender, a alcanzar mucha más grandeza, a ser más pensantes, a ser dioses que derrotan el tiempo y evolucionan, como lo estableció Darwin.

Hemos hecho del mundo nuestro gran Coliseo Romano, en donde peleamos a muerte por demostrar que sangre es la  más fuerte. No nos importa sacrificar unas cuantas de miles de vida, si es para dar un buen espectáculo, pero más que nada, el importante recordatorio de que nación es el próximo gladiador.

Poseedores de tierras y conquistadores de mares. Somos los grandes seres que cruzamos los inmensos mares y derrotamos a cada monstruo en nuestras travesías.

Somos los grandes conquistadores, quienes no solamente tomamos la tierra y la hicimos nuestra y le dimos una vida de esclavitud para que siguiera produciendo la vida que matamos día a día, sino que viajamos al espacio para también pisar la luna y declararla nuestra.

Lanzamos arpones a corazones humanos porque decimos amar, pero el amor solamente se queda plasmado en palabras y no en acciones. Los grandes amores que se siembran con dolor, sufrimiento, encadenamiento, sofocamiento y con la mutilación de la personalidad y el corazón para caber en las expectativas del que dice amarnos y poder vivir bajo las idealizaciones gloriosas que se fabrican en lo mas profundo de su mente.

Somos los GRANDES, los PODEROSOS, los que NO LE TEMEN A NADA. Los GRANDES SERES HUMANOS, capaces de conquistar el mundo.

Capaces de conquistar el mundo, más incapaces de conquistar sus pasiones que corren como un fuerte y peligroso río caudaloso.

Capaces de gobernar la naturaleza y los seres vivientes de este mundo, más incapaces de gobernar su corazón, su mente, su naturaleza.

Y así un día, como mi taza, todos nos vimos rotos.

6 meses atrás llegaron unas partículas microscópicas para recordarnos que somos vil barro pintado, frágil, pequeños, insuficientes, incapaces, llenos de temor y de dudas, llenos de inseguridades, fracasos e incertidumbre.

Y la realidad del ser humano fue fuertemente revelada.

La vida nos dejó en manos de la gravedad y ahora vemos como las mentiras que se fueron construyendo por medio de las leyendas que pasaron de generación a generación fueron destruidas una a una.

A medida que las civilizaciones han hecho paso por la vida, han ido modificando y transformando los conceptos y las bases que sostienen la dignidad de la vida del hombre.  No siempre el tiempo es el mejor amigo de la humanidad. Gracias a éste hemos descuidado realmente lo importante y lo vital para vivir. Hemos desordenado nuestras prioridades y hemos hecho espacio para lo efímero, desechando lo eterno, lo invaluable. Hemos dado cabida a pensamientos basura para que sean estos los que nos acompañen día a día.

La llegada del COVID-19 ha causado una gran parálisis al sistema económico. La muerte ha alcanzado a más almas de las que nos pudimos haber imaginado, más aún, mientras familias lloran la muerte de sus seres queridos, otros viven su vida al máximo, sin límites, sin importarles las consecuencias, o las vidas a su alrededor que luchan por salir adelante.

Encerrados en nuestras casas comenzamos a descubrir la vida de las personas que nos acompañan, en ese momento como si fuese la primera vez que tratamos con esos extraños que viven bajo nuestro mismo techo.

Añoramos el abrazo y la calidez de los seres que solían formar parte de nuestro carrereado día.

Y ante este huracán que se llevó nuestros cascarones, nos vimos desnudos ante una realidad que afrontar, ante prioridades que ordenar, ante vidas que apreciar, ante circunstancias que superar, ante el reflejo de nuestra existencia sin maquillaje, sin ropa de oficina, sin título y oficios, sin puestos ni jefaturas, sin dinero, sin nada más que nuestra esencia como humanos, como parte de esta sociedad tan manchada de sangre, sucia por su avaricia, y perdida como navegante sin brújula.

La vida que creíamos conocer y dominar se vino abajo para decirnos que somos efímeros como las estrellas fugaces. Somos polvo y polvo volveremos a hacer.

Son estos momentos de la vida que vienen a probar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestras aptitudes de líderes y darnos a algunos una segunda oportunidad para abrazar la humildad, practicar la empatía y la solidaridad, y tener la certeza de que pronto podremos abrazar de nuevo a nuestra familia y amigos.

Nos enfrentamos a una de las más grandes crisis que hemos sufrido como sociedad global.

Pronto nos veremos en la necesidad de comenzar ante un nuevo mundo y nos veremos en la necesidad de avanzar sin muchos que lo conformaban. Dejaremos atrás muchas vidas extraordinarias y lugares en donde atesorábamos momentos. Tendremos que avanzar, que seguir y que cimentar una nueva esfera de vida, un nuevo ambiente laboral. Seremos los pioneros de un nuevo mundo. Comenzaremos una vez más a arar la tierra para cultivar nuevos frutos.

Pero ahora hemos de permanecer quietos, guardados, alejados. Creemos que es nuestra maldición, pero somos muy torpes para ver que es nuestra total bendición.

Ahora vivir un día más es un milagro. Estar sano un día más es un milagro. Recuperarte y salir de cama, es un milagro.

Amigos, lo cierto es que vivir siempre ha sido un milagro, solo que estábamos muy ocupados formando un imperio sobre la arena.

¿Qué aprenderemos de esto? ¿Qué contaremos a las generaciones que vienen, que fuimos muy poderosos y salimos adelante o que la vida nos dio una oportunidad más para salir adelante? ¿Qué cambiaremos? ¿Qué haremos? ¿Cómo viviremos?

Somos torpes al andar, somos torpes al movernos, al hablar y al vivir, somos más que torpes, pero si nos enfocamos a cuidar y fomentar esa bondad en nuestros corazones, esa fuerza que traen los momentos difíciles y buscamos irradiar siempre la luz de nuestro creador juntamente con la del sol que nos empapa todos los días, nuestra torpeza no será nada a comparación de nuestro brillo tan singular, podremos ser lumbreras en el mundo que se apaga cada vez más.

Hermoseemos nuestra esencia y no nuestro cascarón. Ordenemos nuestras prioridades. Disfrutemos de la vida, del regalo de vivir. Vayamos a la guerra con valentía, con coraje, con dedicación, y conquistemos nuestro egoísmo, egocentrismo, nuestras pasiones desordenadas, miedos e inseguridades. Bailemos el tango o el vals que nos arrojan los días. Derramemos esperanza, amor y paz.

Finquemos las bases de una nueva generación que vive para el servicio de los demás, que busca crecer individualmente para aportar y hacer crecer su comunidad. Derrotemos la apatía, el engaño y la opresión. Dejemos atrás las envidias, el consumo compulsivo de cosas materiales, la avaricia, y las mentiras. Tenemos la oportunidad de formar una nueva generación.

En momentos de crisis es cuando sabemos que tan real es el liderazgo que ejercen nuestras autoridades ante nosotros. En momentos de desolación es cuando nos damos cuenta de que nos tenemos a nosotros y a  los nuestros solamente para ayudarnos a salir adelante a pesar de las cifras en rojo, de los catastróficos pronósticos. En momentos de crisis es que nos damos cuenta de que nosotros solamente somos responsables de salir adelante.

Seamos como el fénix, consumámonos en el fuego del bosque que incendiamos en medio de la destrucción del mundo, pero solamente para revivir, para renacer, más fuertes que nunca, más decididos, más humanos.  Muchas cosas se nos fueron quitadas, menos las ganas de vivir, nosotros somos los responsables de mantenerlas flameantes, ardiendo y con nuestra pequeña flama ayudar a que las demás velas adquieran furor y brillen tan singularmente como sus personalidades.

Recordemos que hay dolor, hay apatía, hay desesperanza, hay muerte, enfermedad y agonía.

Pero también hay alegría, hay fe, hay renovación, hay cura, hay esperanza y hay vida.