El tesoro.

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Te dejo este link para que acompañes tu lectura con una melodía. Espero sea de tu agrado.

https://www.youtube.com/watch?v=QLL3AmFnhL8&ab_channel=Arts%26CraftsArts%26Crafts

Sabes que estás en peligro. Sabes que vienen tras de ti, a destruir quien eres y lo que más anhelas. Aquello que escondiste en un cofre bajo tierra, en el escondite perfecto, en donde nadie se imagina. Tu tesoro preciado.

Sabes que estás en peligro. Sabes que están por llegar, así que corres y corres y corres. Porque tu vida y tu más preciado tesoro dependen de lo que harás. Tomas tus armas, algunas de tus pertenencias y corres hasta el corazón de la isla en donde encontrarás tal cofre.

Comienzas el recorrido que tanto planeaste en caso de emergencia, en caso de que tuvieras visitantes inesperados, en caso de que escucharas sus pasos tan fuertes alcanzándote para consumirte en el trayecto y robarte lo que tanto has peleado por mantener seguro.

Así que corres tan fuerte que comienzas a sentir tus piernas como los ejes de las ruedas de un tren, tomando fuerza, tomando potencia, para emprender un viaje del que no sabes si regresarás. Tu mente se vuelve tan aguda y perspicaz, armando como rompecabezas estrategias que puedan tu vida salvar. Tus brazos siguen los movimientos de tus piernas. Fum, fum, fum, de tanta fuerza inyectada en ellos, ruegas porque se vuelvan alas. Y por tus venas fluye adrenalina, llega a tu corazón y lo hace dinamita.

Algunos te lo advirtieron. Algunos te aconsejaron. Otros no lo entendieron a tiempo y fueron capturados. Presas de los que ahora por ti vienen.  Sabes que de ti depende el bienestar de la isla, sabes que de ti depende que ese cofre permanezca escondido bajo llave. Sabes que eres el único que puede salvarlo. Porque esta es tu lucha y a ti corresponde el ganarla.

Así que corres.

Llegas justo a tiempo, tomas tus armas y te preparas para la batalla.  El cofre aun está ahí, su tesoro aún está ahí, pero tú, ¿estás ahí? ¿están tu alma y tu espíritu presentes en la batalla?

Comienzan a llegar las flechas, los cuchillos y las dagas a amenazar tu vida y logras esquivarlas. ¿Por cuánto tiempo? ¿Estás preparado para durar lo que sea necesario para salvar la isla que tanto te esforzaste en conocer, en descubrir, en hacer tu hogar y tu refugio? ¿vale la pena arriesgar tu vida por aquel tesoro?

Todo lo que conocemos, las piezas que vamos juntando en el camino, cada parte de este mundo que vamos haciendo nuestro, se convierte en un pedazo de la isla que tanto añoramos, la cual llamamos hogar.

Pero, así como vienen algunos terremotos a sacudir nuestro suelo y los pilares que edifican nuestro mundo y nuestra persona, también llegan voces extranjeras a sacudir, exprimir y partir nuestro corazón.

Aunque déjame decirte, que no todas las voces son extranjeras, algunas llevan la mitad de nuestro corazón como un dije que cuelga de tu cuello desde la infancia, otros llevan una parte de nuestra alma en la manga de su camisa. Otras voces llevan nuestro apellido y nuestra sangre. Otras voces llevan nuestro nombre, su autor es el reflejo que admiramos en el espejo.

Y así, como rayo en el cielo, instantáneamente por el cumulo de pensamientos en situaciones con cara de tormenta, esas voces comienzan a abalanzarse contra nosotros, como fuertes dagas, tratando de clavarse en nuestro corazón. Y de poco a poco, sin darnos cuenta, dejan el cielo para convertirse en hurtadores terrenales.

Con pasos sigilosos como ladrón en la noche, avanzan hacia nuestro hogar, interrumpiendo la paz y el sueño, y sin darnos cuenta vamos cediendo terreno, vamos dejando que cada vez se acerquen más a nuestro pequeño cofre que mantenemos bajo llave, en donde mantenemos el oro que todos buscan en su isla: la felicidad.

Vivimos con la idea de que la felicidad a nuestras vidas la aportan las piezas que la conforman, y aunque puede ser una parte de ésta, la verdad es que la felicidad viene del centro de nuestra isla, del centro de nuestro corazón y como luz de reflector, se concentra desde adentro en un punto para después esparcirse a su alrededor.

La verdadera felicidad viene de entender la vida como aquel juego de dominó, en donde pueden venir piezas que nunca contemplaste en tu jugada y habrá que formular una nueva estrategia para poder salir adelante y vencer.

La felicidad viene de entender que la vida es una, que los días se pasan rápido y que de marzo a septiembre solamente hay un parpadeo.

La felicidad llega cuando entiendes que vivir duele y cuesta, pero, así como en el arte, ¿qué sería de ella sin el negro que abrace al blanco o de los oscuros que resalten la luz?

Y de pronto entiendes que la felicidad se contiene y se mantiene porque la quieres en tu vida y estas dispuesto a luchar por ella, porque podrá venir un ejercito de voces a querer reprimirla, podrán venir muchos terremotos que sacudan tu mundo, podrá no salir el sol con una nueva mañana o podrá el arte extinguirse por la maldad del hombre, pero tu felicidad permanece, porque tu permaneces, porque tu la defiendes, porque es tuya y de ti solamente depende, porque vive hasta que tu vivas y contigo muere.

Es complicado pensar en que nuestra felicidad depende completamente de nosotros, cuando hay circunstancias tan adversas que pueden arrancarla de nuestro rostro tan fácil, haciéndola parecer tan efímera como una estrella fugaz y tan inestable como un elefante columpiándose sobre la tela de una araña, aparte de ser, prácticamente, imposible.

Pero déjame contarte algo, esto no se aprende en un abrir y cerrar de ojos. Desafortunadamente, hasta que no lleguen meteoritos a estrellarse con tus ilusiones, expectativas, y golpeen tu vida, no podrás entenderlo. Para quienes ya hemos sido impactados con su presencia, somos más propensos a descubrir más pronto el secreto de la felicidad, porque para entender la vida hay que primero entender sus infortunios, y para poder entender la felicidad, primero hay que entender la tristeza.

Así que mientras las dagas se dirijan hacia ti, mientras aquel monstruo de 6 cabezas amenace con quitarte la vida, mientras el temblor y sus imprevistas sacudidas quieran destruir tu centro y tu felicidad, cierra tus ojos y recuerda la risa de tu madre y sus cantos a la hora de dormir, recuerda tu mano siendo sostenida por el amor de tu vida, recuerda al sol abrazándote con su calor, recuerda las sonrisas de las estrellas que bajan del cielo y te acompañan entre semana.

Cierra tus ojos y recuerda que la felicidad depende del espacio que les estés dando en tu vida.

Defiéndela, porque si no eres tú, nadie más lo hará.