Muda.

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Mudamos de piel tal y como lo hacen las serpientes solo que, en vez de mudar de 4 a 8 veces al año, nosotros lo hacemos cada día, todos los días.

Bien dijeron qué hay infinitos más grandes que otros. Lo sabemos porque nosotros en un solo día comenzamos y cerramos un ciclo de vida. Al anochecer morimos y por el amanecer renacemos.

Al caer la noche nos sentamos a la mesa y acontece nuestra última cena, solos o con nuestra familia, solos o con el amor de nuestra vida. Solos o con nadie.

Vemos por una última vez nuestro rostro en el espejo y tratamos de aprenderlo para ver si lo recordaremos en nuestra próxima vida. Tratamos de recordar la intensidad del brillo en nuestros ojos, la curvatura en nuestras boquillas, la sencillez de nuestro cuerpo y lo complicado de lo que yace dentro, aquello que solo podemos ver permaneciendo más tiempo en el espejo. Así nos quedamos estáticos, queriendo descifrar lo que quiere comunicar nuestra alma a través de nuestra mirada.

Admiramos el reflejo porque sabemos que los colores que adquirimos ese día pueden cambiar cuando llegue un nuevo sol, o bien, admiramos el reflejo porque tratamos de aprender aquello que intentaremos cambiar a lo largo de nuestra próxima vida.

Con pasos densos y cansados,

Con pasos ligeros y ansiosos,

nos recostamos en nuestro lecho.

Intentamos visualizar las estrellas que flotan por arriba de nuestra existencia, e intentando alcanzarlas, comenzamos a decir nuestras plegarias.

Damos gracias por nuestra vida.

Damos gracias a Dios.

Damos gracias a nuestros seres queridos.

Damos gracias.

O no.

A veces solo nos recostamos sin despedirnos. Decidimos dejarle al azar si encuentra en nuestro destino volver a despertar, pero si lo hacemos, ¿cómo encontraremos nuestro mundo? ¿en qué condiciones? ¿con quién dentro? ¡dime! ¿quién fuera? ¿qué colores? ¿qué paisajes? ¿cuántos ángeles? Y ¿qué hay de nuestros fantasmas? ¿Cuantos más, cuantos menos?

No lo sé, dime “no lo sé”

Porque yo tampoco se y

Obviamente tú tampoco sabes.

Lo único que sé es que

cada noche mudamos de piel.

Comenzamos el día con una nueva gama de colores sobre nosotros. Porque nadie que vive un día en la tierra puede recostarse al final sin esperar que todo lo que vivió en su vida se haya adherido a su piel, traspasándola, hasta llegar a cambiar su ser.

Lo que vives en un día dará por resultado quién eres al día siguiente. Nadie vive demasiado poco, o demasiado solamente, como para permanecer con la misma dermis igual dos días seguidos.

Por eso vivo como si fuera mi último día,

pero más importante,

vivo cada día como si fuera el primero.

 

Podrán caerse murallas o puentes; torres o fuertes

Podrán construirse torres y fuertes; murallas y puentes

Podrá parecernos que el mar se ha ensanchado

Podrá parecer que al cielo hemos llegado

Porque podrá cambiar la vida misma

Pero

¿quién nos dice que no fue el lente con el que veíamos la vida, el que cambio?

Podrá haber sido que la muralla derribada es ahora un puente y que la torre que nos daba refugio es ahora la muralla que divide nuestro corazón. Podremos habernos encogido hasta que las lágrimas derramadas sean las suficientes para ahogarnos. Pudieron nuestras alas haberse fortalecido y crecido.

Porque cada día trae su propio afán y por ello, cada día nos desarma y nos prepara para enfrentarlo.

Así que recuerda,

Nuestra piel podrá desprenderse y hacer que nuestro exterior se vea diferente, porque a fin de cuentas estamos hechos de tierra, pero nuestra esencia, aquello que nos es dado por la gracia divina, permanece siempre.

Así qué en vez de exfoliar nuestra piel con palabras ásperas, humectarla con palabras rimbombantes, alimentarnos de historias ajenas, vestirnos de flores muertas, y en fin todas esas cosas vanas que hacemos, dediquémonos a cuidar de nuestra esencia, para que al día siguiente, cuando el sol se fije en nosotros, sea nuestro corazón cristal capaz de reflejar colores tan vivos como lo seremos nosotros;  para que sus rayos germinen cada semilla en nuestro interior y sea al final un jardín en nuestra alma lo que nos haga tener tan fresca fragancia.

No vivas cada día para morir cada noche, mejor muere cada noche para vivir un nuevo día. Si así lo hicieres, sabrás cada vez más, encontrarás fácilmente la felicidad, aprenderás a soltar, a dejar ir, pero también a abrazar y a apreciar. Ningún día será demasiado; ni corto, ni largo, ni fácil, ni difícil. Cada día será un nuevo inicio y lo tomarás y lo enfrentarás, lo reirás y llorarás, pelearás y ganarás, pelearás y perderás. Cada día será suficiente porque sabrás que te queda una eternidad para comenzar de nuevo y un ciclo menos para llegar a tu destino.

Deja tus pieles pasadas en donde corresponden, en el pasado, y

Muda

Cual serpiente.

Vive

Cual     humano            que eres.