Nací mexicana, artista y mujer

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Te invito a leer el artículo, escuchando en repetición la canción que podrás encontrar dando click a este link:

Nací mexicana, artista y mujer.

Nací en un país en donde 10 mujeres son asesinadas cada día, por el simple hecho de ser mujeres.

En nuestra cultura ha crecido arraigado el machismo, el hombre mexicano se ha ido desarrollando como un personaje de autoridad y de poder ante la “vulnerable”, pero en realidad esclavizada y sexualizada mujer.

A lo largo de la historia, el hombre mexicano se ha visto en la necesidad de conquistar y ha desarrollado su existencia en torno al “dominar”: dominar tierras, dominar civilizaciones, dominar animales, y también, dominar lo que se ha creído siempre como el sexo débil, dominar a la mujer.  En un contexto más local, nuestra sociedad mexicana se ve afectada de maneras muy profundas por esos matices esencia del machismo.

El macho mexicano, el que no se doblega ante nada ni nadie, que entre más mujeres tiene a su merced, ¡MÁS HOMBRE ES!  Como si fuéramos trofeos que se coleccionan y se ponen en vitrina. Pero eso sí, tendrían que ser mujeres guapas, con medidas establecidas, porque al no cumplir los requisitos, dejas de cumplir el papel de “mujer” en su vida.

Vivir en México significa ver mujeres paseando por la ciudad y tomarse fuerte de las manos y desviar su mirada al tratar de pasar desapercibidas, buscando ser invisibles para el grupo de hombres que está cerca. Donde trasladarse en transporte público lleva consigo una terapia psicológica porque sabes que es probable que puedas ser aproximada por hombres y ser objeto desde miradas perversas, silbidos, burdos halagos hasta vulgaridades y el riesgo de un tocamiento indeseado. Donde es vital, importante y necesario dejarles saber a todas las personas cercanas en donde estarás, a qué horas y con quienes, por si desapareces, que sepan a quien llamar primero y donde empezar a buscarte.

Donde hay zonas moradas, aquellos lugares que se apiadan de nuestras almas en pena y peligro, y te dan un lugar seguro donde refugiarte por si alguien viene sin ninguna razón aparente a quererte hacer daño, o bueno, perdón, en México no necesitas ninguna razón para hacerle daño a una mujer, el porque sí es razón suficiente. Y sí, el México lindo y querido y machista y misógino, como diría mi querida Ange Cano, que se enfurece cuando ve una estatua de una mujer que representa la libertad que no tenemos, rayada por mujeres cuya libertad ha sido truncada, su personalidad achicada y su vida menospreciada. ¿Como es posible que una estatua te pueda más, Roberto, que la vida de tu madre, hermana, tía, novia, compañera, o, en fin, la vida de otro ser humano? Pero bueno, a Roberto no le enseñaron en casa que hay que actuar con base en lo que predica y que no está bien rayar obscenidades en los mesabancos de la escuela y en las puertas de los baños.

Crecer como mujer mexicana, es crecer viendo otro tipo de características físicas como modelo de belleza. Es crecer viendo a mujeres extranjeras como las modelos de ropa y el estereotipo de belleza a seguir, mientras que la mujer nativa es fácilmente clasificada como “fea”, “pasada de moda” y “no apta”.

Es saber que, en comunidades indígenas como en Guerrero, Oaxaca y Chiapas, niñas son vendidas por sus familias para casarlas, sin importar la edad del comprador. Los precios de las niñas varían según su edad, su virginidad y cuantos hijos tienen, y estas transacciones pueden alcanzar desde unos cuantos animales hasta los cientos de miles de pesos.

Y es que en muchos casos crecer como mujer, es saber que en el mundo en el que te desarrollas, puedes ser considerada más objeto que persona, objeto que se vende como pones a la venta un par de zapatos, donde la felicidad, el crecimiento y la superación personal no tienen lugar. Donde tu vida y tu destino están sellados aún antes de nacer. Nacer sin libertad.

Aquí es donde nace mi leyenda favorita, “el empoderamiento de la mujer”. La leyenda de como el ser humano recupera su “humanidad” y compone un mundo lleno de educación, solidaridad, empatía y respeto. Las cuatro palabras tan sonadas en este siglo y, aun así, 4 palabras ignoradas e incomprendidas por la mayoría de nosotros.

El empoderamiento de la mujer viene acompañado de muchos prejuicios que se desarrollan por la falta de cultura, de estudio, de educación y mayormente, falta de responsabilidad y de compromiso como seres pensantes de una sociedad activa y global.

Se habla de “empoderamiento de la mujer” no porque quiera verse como un ser superior al hombre. Desde ahí estamos equivocados y malinformados. El término “empowerment” o empoderamiento de las mujeres, nace como una estrategia para la igualdad y la equidad en la Conferencia Mundial de las Mujeres de Naciones Unidas en Beijing (1995)

«Por empoderamiento de las mujeres nos referimos al proceso por el cual las mujeres, en un contexto en el que están en desventaja por las barreras estructurales de género, adquieren o refuerzan sus capacidades, estrategias y protagonismo, tanto en el plano individual como colectivo, para alcanzar una vida autónoma en la que puedan participar, en términos de igualdad, en el acceso a los recursos, al reconocimiento y a la toma de decisiones en toda las esferas de la vida personal y social.»-Tribuna Feminista (2017)

Se habla de empoderar a la mujer porque en la carrera de la vida, a través de los siglos, nosotras nos hemos ido quedando muchos escalones por debajo de los hombres en cuestión de educación, de derechos, de oportunidades: laborales y que garanticen una vida digna de vivir.

Es como si tuvieras por principio dos aves distintas y te centras en alimentar, cuidar, bañar, y llevar al veterinario solamente una de ellas. Con el paso del tiempo, la salud y el bienestar de la otra ave, irá deteriorándose, hasta el punto de hacerla débil, frágil e incapaz de cuidarse por si sola.

El ave lastimada, no solamente sufrirá las consecuencias de tus acciones, si no que el ambiente en el que se desarrolla también, hasta el punto de poder enfermar o debilitar al ave sana. Al ser consciente de este problema, lo lógico es que centres tu atención y tus fuerzas en nutrir adecuadamente al pequeñito que está desfalleciendo por negligencia y descuido. Por obvias razones, lo llenarás de alimentos ricos en nutrientes, lo llevarás a chequeos constantes, y vigilarás su comportamiento para saber como va progresando a medida en que se ve en su periodo de recuperación.

El empoderamiento de la mujer es exactamente como este simple y burdo ejemplo. Por ignorancia, una cultura limitante y patriarcal, y muchos años de negligencia y descuidos, las mujeres nos encontramos todavía en una posición muy vulnerable en la actualidad. Es como si el mundo hubiera progresado para el hombre y el mundo de muchas mujeres se hubiera quedado estático en los tiempos feudales.

Necesitamos tomar el lugar que nos corresponde como parte de la sociedad en la que vivimos y para que eso suceda, necesitamos que se nos de acceso, herramientas y las oportunidades necesarias para seguir y seguir escalando los peldaños que nos hacen falta. Y esto solamente se le dará en un ambiente de equidad.

Aunque en la ONU solamente se utiliza el término de “igualdad”, a mi me gusta hablar de equidad. Cuando hablamos de igualdad es darle exactamente lo mismo a cada uno. Cuando hablamos de equidad, hablamos de crear exactamente el mismo ambiente de oportunidad para que todos puedan alcanzar sus metas y llegar a una posición de bienestar a la manera en la que cada uno lo necesita.

Como lo veíamos en el ejemplo de las aves, al no atender esta problemática de índole mundial nuestro mundo se enferma, se debilita y cae junto con nosotras. Somos parte de la esfera de vida que nos rodea, somos el otro lado de la balanza. La falta de participación e inclusión total de la mujer en el ambiente laboral, político, empresarial, económico, y social, resulta en pérdidas económicas, pero la ONU sostiene que incrementar la proporción de los ingresos del hogar controlados por mujeres, modifica los patrones de gastos, que benefician a sus hijos y a las comunidades enteras, ya que el acceso a recursos financieros por medio de oportunidades equitativas laborales es decisivo para lograr el crecimiento económico de un país.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) enfatiza que los efectos de la violencia a la mujer pueden llegarle a costarle a las naciones un 3.5% de su PIB (Foro APEC, 2016). En el 2015 a México la violencia a la mujer le costó 245 mil 118 millones 266 mil 538 pesos.

Según INFOBAE (2020) el pasado 9 de marzo, debido al paro laboral de mujeres se perdieron aproximadamente 40 mil millones de pesos.

La mujer necesita, con urgencia, ser empoderada. Son demasiados los años de rezago en la adquisición de derechos que la lleven a vivir una vida justa, llena de oportunidades, de felicidad, éxito y crecimiento personal.  Han sido demasiados los años en las que se le ha cosificado, y se le ha deshumanizado para cumplir los roles que la sociedad le ha forzado a tener, con estándares impuestos, medidas que cortan, adjetivos que marchitan y tratos que humillan y lastiman como navaja al corazón, tómese como metáfora o como una de las notas de su periódico de preferencia.

Tenemos mucho por donde empezar, pero un camino seguro que podemos tomar es el que marcaron ONU Mujeres y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas como “Los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres”:

  • Promover la igualdad de género al más alto nivel de dirección;
  • Tratar a hombres y mujeres de forma igualitaria en el trabajo;
  • Respetar y defender los derechos humanos y la no discriminación;
  • Velar por la salud, la seguridad y el bienestar de los trabajadores y trabajadoras;
  • Promover la educación, la formación y el desarrollo profesional de las mujeres;
  • Llevar a cabo prácticas de desarrollo empresarial, cadena de suministro y mercadotecnia a favor del empoderamiento de las mujeres; y
  • Evaluar y difundir los progresos realizados a favor de la igualdad de género.

Pero también podemos empezar por recordarle a nuestras niñas que “ni la belleza es sinónimo de éxito ni la felicidad llega con un príncipe azul”.  La belleza está en ser simplemente ellas, el éxito está en pelear por su educación y romper patrones, y la felicidad llegará cuando TODOS seamos conscientes del déficit de oportunidades para ellas, y dejemos que su empoderamiento marque la historia y deje de ser un mito para la sociedad.

Nuestro destino será diferente cuando entendamos que

  • Nadie le dio el derecho al príncipe Felipe de besar a Aurora solo porque creyó que era linda y estaba dormida
  • Bella decidió renunciar a su posesión más preciada, su libertad, a cambio de la vida de su padre y aun así lo que más nos impresiona es su belleza exterior. La llamamos Belle en vez de llamarla, Liberté.
  • Ariel, debió escoger el océano sobre el príncipe Eric, ningún amor verdadero hará que escojas entre éste o tu esencia, tu ser, lo que naciste para ser.
  • Blanca Nieves, en realidad creció, aprendió defensa propia y en vez cortar manzanas en el bosque, se encargó de juntar un ejército para derribar a la reina malvada, porque cuando creces en un hogar donde los padres lastiman a sus hijos, aprendes a observar lenguaje corporal, escuchar el ir y venir de pasos, y a hacerte responsable del bienestar de tu vida.
  • Los insultos verbales, las injusticias y los maltratos físicos hicieron despertar la valentía de Cenicienta, y el hada madrina fue la mejor abogada en la ciudad y le ayudó a recuperar lo que era suyo. Ella decidió que, a la edad de 19 años, no necesitaba de un príncipe, lo encontraría en el tiempo indicado y juntos, sumarían sus dos imperios y saldrían adelante.
  • Alicia entró al país de las maravillas cuando entró por primera vez a la biblioteca de su padre y se enamoró de la lectura, fantaseo con viajar a tierras lejanas y desconocidas, y se volvió una de las primeras comerciantes mujeres abriendo paso para nuevos mundos.

Fue decisión de cada una enamorarse del hombre de sus vidas, hombres que las ayudarán a alcanzar las estrellas y juntos alcanzar las galaxias más lejanas. Hombres que las respetarán por lo que son, seres humanos en libertad con corazón de dragón, mente más filosa que una espada, y un brillo sin igual, por la felicidad que emanan de saber que nacer mujer no fue un impedimento para vivir una vida digna.

Viola Davis dijo: “Soy digna. Al dejar el vientre de mi madre, lo dejé siendo digna”.

Dedicatoria especial:

A mi papá, que me enseño que una verdadera princesa no espera a ningún príncipe que llegue a rescatarla, sino que ella mata sus propios dragones. A mi mamá, que, citando al sombrerero loco, me recordaba de mi “muchosidad” y de mi valor como persona, más que como mujer. A mis abuelas, quienes aún me enseñan a florecer en donde soy plantada. A mi hermana, que con su gracia y amor abre camino para las nuevas generaciones. A mi hermano, quien, con su ambición, talentos, y amor ha prometido crecer para cambiar este mundo, hacerlo uno donde él y yo podamos triunfar de la mano. Y a Luis Gerardo, quien es capaz de imprimirme un cohete en 3D solo para verme ser feliz, alcanzar las estrellas y visitar Venus.

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